“Ontrolongo” – Luis Caccia Guerra

“Ontrolongo”

por Luis Caccia Guerra

leyendo-un-cuentoEra una noche de invierno. Mi pequeña hijita tenía en ese entonces tan sólo cinco años de edad. Hacía frío, mucho frío. Tal vez ella tenía frío, miedo, se sentía solita o simplemente necesitaba sentir el abrazo, el calor, o la voz de papá muy cerquita suyo. La cosa es que se vino a dormir conmigo.

Cuéntame un cuentito, pá… me dijo.

Estaba muerto de sueño después de un día de trabajo agotador. Sacando fuerzas de donde no las tenía, esa noche, mientras mi esposa terminaba sus quehaceres avanzada la noche, nació una versión libre de “Caperucita Roja”. Muy libre. Extremadamente libre, diría yo. Tan es así que esta “Caperucita” andaba en moto entre los árboles del bosque, tenía un teléfono celular y una simpática mascotita.

Le pregunté a mi niñita cómo se llamaba el perrito de Caperucita.

“Ontrolongo” me dijo.

Sonreí y volví a preguntar intrigado:

¿Y por qué se llama así?

Ya no volvió a responder. Se dio vuelta y en un instante se había dormido profundamente.

Reí. Inexplicablemente, el cansancio y el sueño desaparecieron como por encanto. Tomé a mi hijita entre mis brazos y la llevé a su cama. Recuerdo que por varias horas estuve sonriendo sin poder pegar un ojo durante la noche mientras recordaba el extraño nombre que le había puesto a la mascotita de Caperucita.

¿Qué te pasa?

Preguntó sorprendida mi esposa, cuando por fin terminó con sus cosas y vino a dormir. Le comenté y ambos reímos.

Hoy, a la hora de escribir esto, han transcurrido unos doce años desde esa noche. Sin embargo, la recuerdo con absoluta y diáfana claridad como si hubiera sido ayer.

El Señor me mostró algo a través de la graciosa ocurrencia de mi hijita: Es que a nuestros sueños, a las cosas y seres que amamos, que nos importan, que tienen valor y que forman parte de nuestras vidas, les ponemos nombre. Un nombre muy personal. Muy íntimo. Que muchas veces tiene significado sólo para nosotros.

En la Gloria, hay un nombre nuevo aguardando para cada uno de nosotros. Aún no lo conocemos, pero el Señor nos lo tiene reservado para cuando llegue esa mañana gloriosa y eterna en la que le podremos ver cara a cara. Y es que a los que Él ama, que le importan, que tienen valor para Él, les ha puesto un nombre. Un nombre muy personal, muy íntimo, que sólo tiene significado para Él y para nosotros.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.

(Apocalipsis 2:17 RV60)

Escrito para www.devocionaldiario.com

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