Del Campo al Palacio – Enrique Monterroza

Del Campo al Palacio


Dios había dado la orden a Samuel de ir a Belén específicamente a la casa de Isaí a ungir a uno de sus hijos para que fuera el futuro rey de Israel, el primero puesto por Dios, pues recordemos que el rey Saúl a pesar que fue el primer rey de Israel fue puesto a petición del pueblo, al querer ser como los demás pueblos teniendo un rey.

La misión era de riesgo puesto que si Saúl se enterase de que Samuel iba a ungir a un nuevo rey hubiera enviado a matar al profeta. Pero Dios tratando de cuidar siempre a los suyos y más cuando El les ha dado una misión que cumplir, le dio instrucciones sobre lo que tenía que hacer, esto era realizar un sacrificio al Señor en Belén e invitar a Isaí y a sus hijos.

Samuel lo hizo tal y cual Dios se lo había dicho, todo iba perfecto; después de ofrecer sacrificio a Dios comenzó la tarea elegir al hijo de Isaí que Dios había designado para que fuera el próximo rey de Israel.

El primer en cautivar la atención de Samuel fue Eliab, su físico lo hizo creer que podría ser el próximo rey de Israel, quizá era muy alto y fuerte, lo cual podría hacer pensar a cualquier que siendo Israel una nación guerrera ese podría ser su rey. Pero fue allí en donde Dios contesto a Samuel: “—No juzgues por su apariencia o por su estatura, porque yo lo he rechazado. El SEÑOR no ve las cosas de la manera en que tú las ves. La gente juzga por las apariencias, pero el SEÑOR mira el corazón”. 1 Samuel 16:7 (Nueva Traducción Viviente)

Esas palabras de Dios a Samuel causan un impacto tremendo a mi corazón, y es que es allí en donde podemos notar que las apariencias no sorprenden a Dios.

Y es que a veces las apariencias solo son eso: “apariencias”, más allá de lo que podemos aparentar o lo que el ojo humano ve, hay un ojo que lo ve todo, que ve el interior, que ve los pensamientos y las intenciones, un ojo que juzga sin equivocación, ese Ojo es el ojo de Jehová. “Los ojos del Señor están en todo lugar, vigilando a los buenos y a los malos” Proverbios 15:3 (Nueva Versión Internacional).

Dios dijo no, no era ese, el siguiente en pasar fue Abinadab, pero tampoco era ese, luego paso Simea, pero tampoco era él, así pasaron siete de los hijos de Isaí de los cuales ninguno era el escogido por Dios para ser el próximo rey de Israel.

Hay que notar algo, Isaí presento a todos sus hijos, pero ¿Por qué David no estaba entre ellos?, quizá aun para su padre era casi imposible que David fuera el elegido.

Al terminar de ver a los siete hijos de Isaí, Samuel pregunto: “¿Son éstos todos los hijos que tienes? —Queda todavía el más joven —contestó Isaí—. Pero está en el campo cuidando las ovejas y las cabras” 1 Samuel 16:11 (Nueva Traducción Viviente).

Había uno más, el más chico, el jovencito, este era el encargado de cuidar las ovejas y cabras en el campo, de inmediato Samuel le pidió que lo mandara a llamar.

Para David era un día como todos, dice la Biblia que era de hermoso parecer y de hermosos ojos, seguramente David se levanto muy de mañana como todos los días, tomo su cayado, su onda y su arpa y fue con sus queridas ovejas y cabras al mismo campo que solían ir todos los días.

En este joven había algo especial, dentro de Él había una pasión por Dios, desde muy chico al aprender a tocar su arpa había compuesto muchos salmos, era un cantor, seguramente tenía una voz muy especial, pero sobre todo lo que lo hacía más especial era su corazón, un corazón sincero y transparente con una intención enorme de agradar a Dios.

Estoy seguro que por la mente de David no había pasado ni un segundo la idea de ser el próximo rey de Israel, el era feliz pastoreando las ovejas y cabras que en más de alguna ocasión le habían dado un dolor de cabeza al no obedecer o al salirse del camino. En mas de alguna ocasión tuvo que luchar con animales feroces por tal de salvar a su rebaño, más allá de lo que joven que era, había una valentía única y sobre todo una pasión hacia Dios que lo hacía candidato número uno para ser el primer rey elegido directamente por Dios para gobernar a su pueblo.

De pronto escucho desde lejos una voz que lo llamaba, disfrutando del aire libre, quizá con su arpa en mano mientras vigilaba a su rebaño, alguien llego a interrumpirlo y a decirle que el profeta de Dios, Samuel, lo mandaba a llamar. Seguramente para David era una sorpresa completa, más de mil preguntas quizá aparecieron en su mente mientras corría hacia el lugar de reunión.

Al llegar David instantáneamente Dios dijo: “Y el SEÑOR dijo: —Este es, úngelo. Al estar David de pie entre sus hermanos, Samuel tomó el frasco de aceite de oliva que había traído y ungió a David con el aceite. Y el Espíritu del SEÑOR vino con gran poder sobre David a partir de ese día. Luego Samuel regresó a Ramá” 1 Samuel 16:12-13 (Nueva Traducción Viviente).

Aquel joven hijo de Isaí que en su momento no fue tomado en cuenta para ser de los primeros en presentarse delante de Samuel para saber si era o no el futuro rey de Israel se convirtió en el elegido.

Y es que así es Dios, más allá de las apariencias o el desprecio que la gente pueda tener de ti o de mi, Dios conoce nuestro corazón, El sabe la pasión que existe en nuestro corazón por tratar de agradarlo, por tratar de vivir una vida con la cual El se sienta orgulloso de nosotros.

Quizá en los últimos días has sido menospreciado, quizá por tu corta edad o por tu edad avanzada, quizá la mayoría de gente no ve buenas cualidades en ti o simplemente estas pasando una etapa de anonimato en donde te encuentras solo en el campo pastoreando cabras en lugar de ovejas, quizá pensaste en algún momento que no podías trascender, que quizá no vas a llegar muy lejos, que tus sueños no se cumplirán o que simplemente serás un anónimo toda la vida. Mas sin embargo a Dios no se le escapa nada, delante de Dios pueden venir muchos con una hermosa apariencia, pero Dios no se guía por ellas, porque Dios se guía por lo hermoso de tu corazón.

Quizá en este momento no seas tomando en cuenta para el ojo del hombre, pero ten por seguro que el ojo de Dios que lo ve todo y que conoce todo, sabe para lo que serás útil y en su momento El te levantara y te pondrá en el lugar que El mismo escogió para ti.

Nunca desmayes, jamás dejes de soñar, que la pasión que sientes por Dios nunca se apague, al contrario vive cada día con un corazón agradecido, vive cada día creyendo que tu momento va a llegar, que Dios ha de cumplir las promesas que en su momento te dio, que tu eres un elegido de Dios para una obra hermosa en la cual El te usara de una manera tremenda.

Tú puedes estar alejado en el campo, pero del campo Dios te llevara al Palacio y te respaldara de una manera única para que TODO lo que hagas prospere, simplemente no desmayes y sigue creyendo que tu momento ha de llegar.

¡Dios está viendo tu corazón!

Autor: Enrique Monterroza

Para www.enriquemonterroza.comwww.devocionaldiario.comwww.destellodesugloria.org

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