Ciudadanos del Cielo – Darío Eguizábal

Ciudadanos del cielo, nuestro viaje a casa esta reservado

por Darío Eguizábal

cielooncemil“nosotros somos ciudadanos del cielo”

Filipenses 3:20

El Señor Jesucristo vino a la tierra para entregar su vida por nosotros, los pecadores. Pero su sacrificio en la cruz no solo sirvió para perdonar nuestro pecado, sino que nos hizo nuevas criaturas y nos dio una nueva nacionalidad, ya no somos ciudadanos del mundo, ahora pertenecemos a la gloriosa Patria Celestial.

Cristo Jesús nos alcanzó para salvarnos, y con esa salvación que nos limpia de nuestros pecados, y nos presenta como justos ante el Padre, también opera en nosotros un maravilloso y misterioso milagro conocido como “regeneración”, esto es una transformación gradual de nuestro ser, para un día ser como Jesús, en la eternidad.

El apóstol Pablo expresa que como todo ser humano, no es perfecto, y tiene muchas cosas que arreglar en su ser, especialmente cuando observa la gloria del Hijo de Dios, pero esta en ninguna manera esto lo desanima en su deseo de ser más como Jesús, reconoce que para eso fue llamado por el Señor, para ser más como Jesús (v12). No hemos sido llamados para vivir en la mediocridad espiritual, hemos sido llamados para ser Ciudadanos de la Gloria.

Todos tenemos un pasado de pecado, que nuestro enemigo Satanás, esta dispuesto a recordarnos todos los días, pero en ninguna manera podemos permitir que un pasado de errores y dificultades, nos robe el glorioso futuro que nuestro Señor nos tiene preparado. Olvidemos el pasado, no podemos hacer nada para cambiarlo, enfoquémonos en la meta, paguemos el precio que sea necesario pagar, para vivir como redimidos; de modo que podamos ganar premio supremo de nuestro llamamiento, la entrada en la ciudad celestial (v13-14).

Seguramente nuestro Señor ya nos ha otorgado importantes victorias espirituales, vivamos conforme a esas victorias. Si ya hemos conquistado un frente en nuestra guerra contra la carne, el mundo o Satanás, bajo ninguna circunstancia podemos permitirnos retroceder, el límite esta en el cielo. Estamos en medio de una guerra declarada, que terminará hasta que nuestro Señor toque la trompeta, mientras tanto, nos enfrentaremos con la autoridad delegada por nuestro Comandante, para estremecer al mismo infierno (v15-16).

Como en todo viaje largo, es mejor dirigirnos hacia nuestra tierra, en la eternidad, acompañados. Cierto pastor comento en una ocasión, si vamos escalando una montaña es mejor ir acompañados de un buen amigo por el camino, que solamente recibir las indicaciones de un alpinista experimentado en la cima. Observe con atención a su alrededor, busque a los campeones de la fe que están a su lado, converse con ellos, aprenda de ellos, seguramente han pasado un lugar por donde usted pasará en algún momento, y la forma más “económica” y menos “dolorosa” de aprender, es por la experiencia de otras personas (v17).

Por oscura que parezca su situación en este momento, desde el punto de vista humano, su mirada siempre tiene que estar en las alturas, en nuestro destino final, en nuestro hogar en la gloria, con nuestro Señor, Dios Todopoderoso, Rey del Universo, Magnífico en Santidad, Hacedor de Maravillas, Justo y Eterno. Todo lo que esta en este mundo pasará, su carrera, su trabajo, su casa, su automóvil, sus deudas, sus enfermedades, todo pasa, solo Dios queda. Un día tomará nuestros cuerpos mortales y los transformará en cuerpos glorificados, para que podamos emprenden juntos, un viaje de regreso a casa, cuando el Señor Jesucristo se presente en la alturas y toque la final trompeta (20-21).

CONCLUSIÓN

Como una nueva creación en Cristo, tenemos una ciudadanía también nueva. Ya no somos esclavos del mundo, somos de nacionalidad divina. Mientras esperamos el glorioso retorno se nuestro Señor Jesucristo, vivamos pareciéndonos mas a nuestro Rey, sabiendo que pronto seremos transportados a nuestro hogar en las alturas, para morar con Él por la eternidad.

LA DECISIÓN MÁS IMPORTANTE DE SU VIDA

Si usted aun no ha recibido a Jesús como su Señor y Salvador, le invito a hacerlo. Todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23). Estamos condenados a la muerte por nuestro pecado (Romanos 6:23), pero nuestro Señor nos ofrece un regalo, la salvación. Solo debemos confesar nuestros pecados, y él nos perdonará, y nos limpiará (1 Juan 1:9). Y nos convertirá en sus hijos (Juan 1:12), haciéndonos una nueva criatura, una nueva creación para Su Gloria.

El Señor mismo le ofrece esta salvación hoy (Apocalipsis 3:20).

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Escrito para www.devocionaldiario.com

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