En mi caminar he visto tu Gloria – Brendaliz Avilés

EN MI CAMINAR HE VISTO TU GLORIA

por Brendaliz Avilés

gloria-de-dios2Cuando escudriñamos algo es porque pensamos y analizamos por un lapso de tiempo. Soy de las que piensa que todos los días necesitamos autoanalizarnos porque la introspección es necesaria. ¿Hemos hecho aquellos que fuimos llamados a hacer por Dios? ¿Hemos desarrollado y puesto de nuestra dedicación y empeño para alcanzar los objetivos y metas trazadas? ¿Hemos cultivado y multiplicado nuestros talentos? ¿La senda que estoy transitando es la que yo he querido y me he impuesto o es el camino que Dios ha ido marcando y trazando para mí?

Busquemos y volvámonos a Jehová. Esto porque siempre entre sus brazos hallaremos consuelo y auxilio. En su sublime gracia nos cobijaremos a pesar de nuestras muchas faltas. Levantemos nuestros corazones y manos al Dios en los cielos exclamaba el salmista. Decía también: “¡a quién tengo yo en los cielos sino a ti y fuera de ti no hay nada!” Reconociendo que la vida sin el Señor no tiene sentido. Que podemos tener y disfrutar de muchas cosas, pero si carecemos de la presencia de Dios en nuestras vidas, es como si tuviéramos nada.

Al levantar nuestras manos estamos diciendo: “aquí estoy, te amo Señor aunque no entienda muchas de las cosas que están pasando en mi vida. Aquí estoy Señor rendida ante ti, adorándote sin reservas porque lo mereces independientemente de mis circunstancias. Aquí estoy levantando mi corazón o lo que queda de él para que Tú tomes todo el control de mi vida. Nosotros nos hemos revelado innumerables veces, confesamos que aún sin querer hemos sido desleales. Parecía que tu perdón esta vez no nos alcanzaría pero, ¡qué maravilloso eres Dios! Que aunque muchas veces te sienta ausente de mi vida, no te has ido, sigue estando presente. Que aunque he caminado por el desierto y he sentido que voy a morir de sed, en mi angustia y desolación tú has sido mi oasis. Que cuando he sentido frío tú has sido mi abrigo y me has cubierto con tus grandes plumas. Has sido mi verano y mi primavera. Que cuando he querido correr, escapar, irme lejos, dejar de existir… Tú y sólo tú has sido mi escondedero y mi refugio. Tú y sólo tú has ido dándome la fuerza y el aliento.

Tú, padre me has lavado con tu sangre preciosa. Has borrado mis iniquidades, me has limpiado y purificado. Ahora soy una vasija nueva, transformada ante el mundo. Aunque muchos me han hecho mal, han abatido mi alma, me han escarnecido y afrentado. Aunque pensé por momentos: “muerto soy”. .. Invoqué tu nombre oh Jehová desde mi cárcel profunda. Desde mi desaliento, mi cansancio, decepción y desesperación más grande y tú, sólo tú… Oíste mi voz, no escondiste tu oído de mi clamor ni de mis suspiros. Tú estuviste atento a mis anhelos y deseos. Te acercaste en día que te invoqué y voces me hacían pensar que tú no estabas ahí, que no me escuchabas. Pero tú permaneciste fiel a mí y lo que es mejor, me dijiste: “No temas, yo estoy contigo”. Cuando mis acusadores quisieron aprisionarme y verme humillado, ¡Dios, tú abogaste por la causa de mi alma! Redimiste mi vida, tú viste el agravio y defendiste mi causa. Todo esto y mucho más has hecho porque me amas. Ciertamente en mi caminar, cuando escudriño las cosas que han venido a mi vida, cuando reconozco que de ti han provenido las fuerzas para yo seguir luchando… Puedo llegar a la conclusión de que en mi caminar me ha rodeado tú gloria. Tu majestad me ha visitado y tu amor me ha rodeado antes, ahora y desde el principio.

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